La última habitación o el despertar de Clara (2009)
Teatro de la desacralización

María de los Ángeles Sanz,  Azucena Ester Joffe

No es la primera vez que en el sistema teatral de Buenos Aires aparece un grupo de actores, ( recordemos a Los Macocos de la década del ’80) junto a un director que construyen una textualidad que rompe con el discurso “políticamente correcto” sobre temas que son difíciles de abordar; en esta oportunidad; la muerte, o el abandono de la sociedad de aquellos que más lo necesitan, los enfermos en estado de coma a los que la obra social pone un plazo de rigor para volver al mundo de los vivos, y que si el enfermo no tiene el buen gusto de cumplir deja librados a su suerte, a ellos y a los familiares que acompañan su situación; y las relaciones que se cruzan entre sanos y enfermos, médicos y pacientes.        
3La clave elegida por La Compañía Internacional de Comediantes “Sin Pulgares”, es la de un humor por momentos naif pero atravesado por gruesas pinceladas del más negro cariz. El uso del cuerpo, los gags que recuerdan a las películas mudas, el intertexto del comic, se cruzan con una escenografía que recurre a los   procedimientos mas–mediáticos por una pantalla que se incorpora al espacio para producir una cruda parodia al noticiero televisivo de tono amarillista al que por desgracia estamos acostumbrados. A partir de esos elementos de la cotidianidad es que el grupo provoca en el espectador la risa y por momentos la franca carcajada. El personaje de Clara  plantea  a partir del desdoblamiento de su personaje, y con una actuación entre tierna y sorprendida, muy bien lograda, el interrogante que profesionales y legos no dejamos de hacernos ante una situación parecida: ¿el paciente en coma, siente, piensa, escucha, nos ve a pesar de sus ojos cerrados, que recordará de ese estado cuando vuelva a la conciencia?; Clara baila, ríe, vuela, es testigo del desconcierto ajeno, ausente para los demás que continúan en mundo que sigue sin ella. La parodia no es sólo el procedimiento funcional al desarrollo de la intriga, sino que es constitutivo de la misma: Walter Velázquez desde la textualidad y la dirección realiza una puesta paródica del discurso médico, de la medicina alternativa, del lenguaje televisivo, del melodrama (la relación entre  el médico tenso e indeciso y la enfermera que finalmente partirá a Canadá, recuerdan a la misma situación de una tira diaria en su primera versión, Mujeres de nadie) y logra un hiperrealismo de gestualidad exagerada y situaciones reiterativas. La música, cubre los dos niveles del relato, el consciente: el CD que El Negro le lleva a Clara con intención de despertarla, el inconsciente: el cuadro de music –hall de un registro de alto impacto; y el recuerdo de Clara que aparece en la voz y la imagen de Judy Garland, en el Mago de Oz. No es significativa la ruptura de la cuarta pared que no le agrega nada al relato, ni a la construcción del personaje de El Negro y hacia el final algunas secuencias, donde los roles se invierten, extienden demasiado una puesta que ganaría en intensidad cómica, si se ajustara en el tiempo. La propuesta estética también rompe con el discurso gráfico: el programa de mano. Nada es como debería ser, si el espectador habitualmente busca los datos sobre la puesta en escena en el programa, en La última habitación (El despertar de Clara) no encuentra el sentido: el nombre del director está invertido junto con la imagen de Clara. Este segundo texto es coherente con la obra, con la estrategia elegida por la Compañía “Sin Pulgares” y, por lo tanto, tiene un valor agregado, al parodiar también la relación del público con el paratexto, y de esta manera se completa el sentido del hecho teatral, porque crea un diálogo con el espacio lúdico. Espacio que es concreto y dinámico a la vez, por el que transitan los cuatro personajes: Clara (Luisina Di Chenna), la enfermera Mabel (Sol Lebenfisz), el médico Juan Cruz (Maximiliano Trento) y El Negro (Grabriel Paez) Con una dimensión plástica que busca centralizar la mirada del 4espectador al ubicar la cama de Clara en el medio – como en el vértice de un ángulo imaginario – y un exterior continuamente evocado a través de la ventana. Un universo ficcional que se bifurca y se yuxtapone, el espacio que crea Clara con su gestualidad, por un lado, y el espacio que el resto de los personajes organiza con pocos recursos escénicos en una habitación de algún sanatorio.

 

Ficha Técnica: La última habitación (El despertar de Clara) creación colectiva con dramaturgia y dirección de Walter Velázquez. Elenco: Luisina Di Chenna, Gabriel Paez, Maximiliano Trento, Sol Lebenfisz. Escenografía: Ariel Vaccaro. Vestuario: Soledad Galarce. Asistente terapéutica: Cecilia Nieto. Videos: Agustín Demichelis. Diseño de Luces: Ricardo Sica.