CARTA DE UN LECTOR

Estimado Damián: he seguido con interés el lanzamiento y desarrollo de la revista La Vorágine, que me parece muy hermosa desde varios puntos de vista: estético, ético, humano y artístico. Vuestra iniciativa y esfuerzo son maravillosos porque en este contexto de chatura burocrática que vivimos (sufrimos) en Mendoza, es muy difícil, lo sé bien, producir y mantener una voz propia. Por todas estas cosas, felicitaciones y mis mejores augurios para La Vorágine, que sea un agujero negro para la mediocridad y un Big Bang para la creatividad y la iniciativa.

También estoy muy de acuerdo con tu extensa editorial del primer número, si bien encuentro algunas contradicciones, ya que después de denunciar la burocratización y el oficialismo mantenedor de un cierto tipo de teatro (por lo que vos decís, casi todo), citás como ejemplos a Jorge Dubatti, un INT dependiente que viaja por el país dando cátedra de sabiología en lenguaje difícil (yo diría bizantino), totalmente subvencionado por el oficialismo cultural, y enaltecido por el establishmen teatral porteño, además de venerado en las provincias como el tótem indiscutible de la teoría teatral. Y citás también a Eugenio Barba, quien escribe muy bonito desde su residencia en Dinamarca para llegar a la cual hay que ser extremadamente rico, digamos la verdad, y desde la cual maneja esa multinacional del teatro que se llama Odin, que le permite, sí, viajar por el tercer mundo mirando desde su posición intocable a los pobres pueblos subdesarrollados y oprimidos, de los cuales bebe inspiración para luego comercializarla elegantemente en el país nórdico.

En fin, quiero decirte que aunque no parezca, en este puesto de mulas que sigue siendo Mendoza, algunas personas seguimos investigando, experimentando y manteniéndonos lejos del "mercado", sin gozar de los viajes y ediciones del señor Dubatti ni del lujoso prestigio del señor Barba, comprando libros usados pero estudiando siempre, entrenando en silencio actores y haciendo obras tan poco comerciales y comercializables que deben ser levantadas a poco del estreno, pero en las cuales promedio hemos trabajado un año y medio. Creo que estas cosas vos también las sabés, porque aunque los que conforman La Vorágine son jóvenes, no desconocen lo que se mueve en Mendoza, en la superficie ni debajo, debajo de las alcantarillas.

De nuevo un gran "merde" para la revista y adelante, con mi admiración y apoyo:

Daniel Fermani.

 

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