Teorización de proceso creador (tercera parte)

por Damián Tagarelli

 

Bajo este título desarrollaremos la teorización que el grupo De La Nada realizó sobre su proceso creador desde marzo del 2004 hasta diciembre del 2006. El proceso ha ido respetando etapas de maduración y revelación que se han dado en el tiempo, por ello es importante leer la presente teorización desde su inicio, pues si se lo hace fragmentadamente no podrá haber una comprensión adecuada de la misma (ver número 1 y número 2).

Durante el desarrollo de los artículos no se expondrán los registros de los “encuentros” (ensayos), sino solamente las conclusiones que se realizaron después de haber madurado, según las etapas, aquellos encuentros.

 

30 de octubre de 2004

            Extracotidianeidad

            Para entender la extracotidianeidad hay que entender lo diametralmente opuesto: lo cotidiano. Dice el diccionario sobre este último: "condición de lo que se manifiesta diariamente". A su vez, lo que se manifiesta diariamente no necesariamente tiene que ver con la palabra o el concepto de realidad. La cotidianeidad puede ser la única realidad para cierto tipo de personas, pero la realidad no significa cotidianeidad. Lo que se manifiesta diariamente a las personas es su realidad, pero no es La realidad; esta última está en estrecha relación con el concepto de verdad, que luego desarrollaremos.
            La cotidianeidad contemporánea del ser humano occidental es más o menos lo mismo: si sobrevive dentro del sistema su realidad va a ser la lógica capitalista, los mass media, el desinterés, los conceptos manipulados, la falsedad, el vaciamiento, etc., etc. Esta realidad posee ciertas características que no es necesario redundar, todas se basan en la violencia capitalista, en la superficialidad de la mercancía y en el discurso único homogeneizador, el serialismo y la falsa-identidad manipulada. El ser occidental sólo posee una conciencia cotidiana, construida en base a la manipulación del sistema y a la supervivencia en el medio, adquiriendo ciertas valoraciones que le dan tal identidad al sujeto, tal sentido de percepción del mundo y de los seres y tal sentido de comunicación con las cosas. Esta realidad lo absorbe, lo forma, lo construye.
            Esto claro, en el ser cotidiano.
            Pero dice Castañeda que el poder del ser humano es inmenso y que está allí al alcance de todos, lo que pasa es que el ser humano es absorbido por la realidad (cotidianeidad), impidiendo la percepción de otras realidades mucho más ricas que la cotidiana. Dice también que lo que tiene que hacer el ser humano es un "ahorro de la energía" para poder guiarla hacia la percepción de otros estados del ser. Por supuesto no basta con esto, el ser humano tiene que entrenar sus factores de percepción de aquella otra realidad, pues la evolución con su idea de progreso y occidentalización ha ido anulando progresivamente la riqueza perceptiva del ser humano hasta transformarlo en el ser actual: un prototipo violento-racional de producción y consumo.
            Entrenar al ser humano para que sea capaz de transgredir la cotidianeidad, hace necesario el concepto de extracotidianeidad, es decir, un sistema de formación que asfixie lo cotidiano para poder entrar en relación con otros seres y con la naturaleza desde otros paradigmas de comunicación, desde otros valores.
            Si la cotidianeidad nos absorbe, nos diseca, nos elimina... pues hay que crear otro sistema de relación que logre "revelar" la teatralidad desde un sentido de verdad. Ahora bien, ¿qué es lo que primero hay que hacer con el actor si la cotidianeidad anula el sentido de verdad y el sentido de creación?... pues es todo un camino, larguísimo, saturado de dificultades, que requiere de un sólido conductor y de actores con la llama encendida de la "necesidad" del artista -aunque sea en las profundidades- para poder transitarlo. Sólo esa necesidad es la que nos va a mantener en un camino que lucha por evadirse de las valoraciones impuestas por la evolución y la sociedad.
            ¿Por dónde se empieza entonces?
            Para que el actor logre realmente alcanzar ese "poder" es necesario que se forme dentro de la extracotidianeidad. Esta no quiere decir un sistema opuesto al cotidiano, quiere decir un sistema que no es cotidiano, de esta forma el panorama se amplía, adquiere libertad, ya no es "lo contrario", "lo opuesto", "lo otro", sino que es todo menos aquello. Para anular la cotidianeidad sería necesario que el actor realmente produjera un importante "ahorro de energía". Para esto debería estar muy lejos del sistema, pero estos son objetivos muy a largo plazo, ahora hay que aceptar y comprender que dicho ahorro de energía no va a estar equiparado en todos por igual y que además va a ser mínimo... cuando empezamos a trabajar con un grupo de actores, por más de que exista en todos esa chispa de la necesidad, somos personas que de alguna manera también debemos "sobrevivir", debemos lidiar con el sistema, debemos convivir con él... entonces se plantean los ensayos, los encuentros, el mínimo debe ser 3 por semanas, con un mínimo de 3 horas cada uno.
            Si vamos a crear otro sistema de valoraciones, es necesario crear cierta disciplina que vaya ejercitando el músculo de la nueva percepción, si no hay disciplina el músculo se relaja, y aunque llevemos 3 años de encuentros si no ha habido disciplina es como estar empezando de nuevo cada vez. La cotidianeidad es muy fuerte, sólo se la puede enfrentar -y más cuando se convive con ella- con la voluntad -consecuencia de la disciplina- y la sabiduría. Mientras haya más encuentros, más nos ejercitamos dentro de la extracotidianeidad, más la iremos incorporando, haciéndola "cotidiana".
            Todos estos procesos están llenos de nacimientos y de muertes, de lutos y festejos, son procesos turbulentos, pesados, densos. Hay que ir equilibrándolos por cuestiones de metodología y de cansancio o agotamiento propias del ser humano, con elementos que den armonía al trabajo, que den luz sobre la necesaria oscuridad, que den acción sobre la necesaria quietud, comunicación sobre la necesaria soledad.
            ¿Y qué es esto de la extracotidianeidad?
            Muy simple: ir encontrando un sistema de comunicación actoral que se lo pueda ejercitar y explorar en su múltiples aristas y que en un principio anule por asfixia la cotidianeidad, es decir, que a través de exigencias, de dificultades y barreras bloqueen la normal comunicación de los actores, sobre todo, claro está, que anule la razón en cualquiera de sus formas de aparición. Debe ser un cambio extremo, una asfixia total, luego se lo irá regulando. El actor comenzará a moverse dentro de la extracotidianeidad y al verse sus canales de comunicación habituales obstruidos, tendrá que poner en juego nuevos canales y nuevos elementos que harán agudizar o transformar sus campos de percepción y transformar por consiguiente el lenguaje específico de lo teatral.
            ¿Qué es lo que hay que anular?
            Primero que nada la razón pero también todo lo que tenga que ver con la fragmentación estéril, la comodidad en sus múltiples apariciones y los lenguajes marchitos o cargados por el sistema (la palabra por ejemplo).
            ¿Cómo se comunicará el actor?
            Esto se irá revelando en cada grupo. El actor irá ejercitando aquellos mecanismos de percepción y funcionamiento que aparecerán como necesidad de lo que está emergiendo y también de aquellos mecanismos que favorezcan el funcionamiento de la extracotidianeidad en sí, es decir, ejercitará los elementos que permiten la asfixia de lo cotidiano, pero también, y a medida que el proceso va avanzando, los elementos que aparecen como necesidad de aquello que da atisbos de revelarse. De a poco la extracotidianización se irá haciendo cotidiana, de a poco un nuevo lenguaje de comunicación se irá revelando, de a poco la cotidianeidad se irá alejando.
            A medida que esto sucede la extracotidianización va perdiendo su sentido original y se va despojando de elementos superficiales: elementos que en principio tienen que estar para producir la asfixia total de lo cotidiano, pero en algún momento del proceso, producto del alejamiento orgánico de aquella, se va despojando, purificando hasta ir quedando lo mínimo, lo esencial, lo que realmente permite el contacto con el actor creador y el contacto con el sentido de verdad en la presencia.
            Es muy importante aclarar que la extracotidianeidad tiene que estar en función de lo teatral, sino podemos confundir la idea de asfixia de lo cotidiano como formación de vida, como terapia. El teatro va más allá de eso, primero porque impone un lenguaje específico en la búsqueda del contacto con ese fuerza esencial, y segundo porque conlleva a la idea de creación, de "jugar a ser dios". Si enfocáramos el proceso como una búsqueda de un nuevo sistema de comunicación para revelarnos la verdad, sin importar el lenguaje teatral, después sería un doble camino poder acercarse al mismo. Creo que los caminos deben ir dándose juntos, el teatro como lenguaje va a ir condicionado la revelación de la verdad y viceversa. Por más de que la verdad no tenga forma, de que sea un estado de energía, el teatro pone en juego la idea de creación, por tanto también la idea de forma... el teatro tiene un lenguaje,  por más de que estemos hablando de energía, en términos del actor tenemos que hablar de cosas concretas.

 

(CONTINUA EN EL PRÓXIMO NÚMERO DE LA REVISTA)

 

 

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